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Nuestro folklórico amigo brasileño fue a casa de su amigo a buscar el acordeón y al llegar se lo encontró con su novia en pleno salón disfrutando de la tarde. el colega no tuvo ningún reparo en invitarlo a la fiesta y ella, caliente como una moto, agradeció tener una más a su disposición. aquel bullatazo, aquella viciosa boca era más que suficiente para dejar a dos y a los que hiciera falta bien complacidos.
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